Reflexiones de Aprendizaje y Realidades Cotidianas
Fue un día lleno de aprendizajes significativos, tanto en el plano académico como en el personal. La jornada comenzó con una retroalimentación del campo de Ética, Naturaleza y Sociedades, en la que retomamos la comparación entre las condiciones de vida durante el Virreinato de la Nueva España y las de la actualidad. Fue alentador ver cómo los alumnos recordaron y aplicaron lo aprendido: destacaron que hoy en día tenemos acceso rápido a muchas necesidades básicas, pero también señalaron que persisten desigualdades y grupos sociales que siguen siendo marginados y privados de sus derechos.
Este momento fue revelador: no solo pude confirmar que los conceptos clave habían sido comprendidos, sino que además se generó un espacio de reflexión crítica. Incluso aquellos alumnos que no habían asistido a la sesión anterior participaron activamente, demostrando que la dinámica de retroalimentación fue efectiva. Esta participación reafirmó la importancia de crear un entorno donde todos los estudiantes se sientan involucrados y valorados.
La actividad central del día fue la elaboración de un tríptico en el que los alumnos debían abordar cómo lograr una vida digna, considerando el papel del gobierno, la familia, la comunidad y las organizaciones no gubernamentales. Esta actividad permitió que desplegaran su creatividad y ejercitaran sus habilidades de organización y síntesis de información. Cada uno comenzó a estructurar sus ideas con entusiasmo, y fue gratificante observar cómo integraban conceptos aprendidos en sesiones anteriores.
Sin embargo, este día también trajo un dilema pedagógico que me hizo reflexionar sobre las realidades que enfrentan algunos alumnos fuera del aula. Antes de que comenzara la clase, noté que uno de los estudiantes llegó y se quedó dormido en su lugar. Intenté despertarlo varias veces, pero no respondía, lo que me llevó a tomar la decisión de llevarlo con el director, ya que la maestra titular estaba ausente debido a un permiso. Después de hablar con el director, el alumno regresó al salón, pero seguía mostrando resistencia para participar. Finalmente, logré que comenzara a trabajar, y en ese momento me confió que se había acostado muy tarde porque su papá le dejó la televisión encendida.
Este episodio me dejó pensando: detrás de cada alumno hay una historia y situaciones que no siempre conocemos. Entender estas realidades es fundamental para poder brindar el apoyo adecuado. Este tipo de situaciones me desafían a encontrar un equilibrio entre mantener la disciplina en el aula y ser empático con las dificultades personales que algunos enfrentan.
Hoy confirmé que el aprendizaje no solo ocurre en la transmisión de conocimientos, sino también en la capacidad de escuchar y comprender a los alumnos como individuos. La participación activa durante la retroalimentación fue una señal clara de que estamos avanzando en el desarrollo de su pensamiento crítico. Al mismo tiempo, el desafío con el alumno que llegó dormido me recordó que, como docentes, debemos estar atentos a las señales que indican que algo no está bien en la vida de un estudiante.


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